sábado, 13 de diciembre de 2008

Estuvo en Monzón. Memoria histórica

12.12.2008.



Por: Pepe Yáñez

Ha dicho alguien por ahí que la historia que no queda escrita, no existe. Así que por si acaso es cierta esta aserción, para favorecer a futuros investigadores en el lejano mañana de los tiempos y conocimiento de los actuales lectores, voy a dejar constancia aquí de algo.

1 comentarios


Ha dicho alguien por ahí que la historia que no queda escrita, no existe. Así que por si acaso es cierta esta aserción, para favorecer a futuros investigadores en el lejano mañana de los tiempos y conocimiento de los actuales lectores, voy a dejar constancia aquí de algo que, muchos años atrás, pudo resultar una sensacional noticia-anécdota de Prensa en el ámbito de curiosidad mundial. Deseo salvar, adecuadamente, la diferencia o semejanza en cuanto a la catadura moral de los personajes. Absolutamente distinta. Mi intención tan sólo descansa en el paralelismo o similitud del eco o repercusión del interés periodístico que se hubiera producido en aquellos años. Algo así como, si en estos momentos, apareciese en toda la Prensa del mundo "El terrorista saudí y líder de Al Qaeda Bin Laden estuvo unas horas en Monzón".......

Este posible y semejante titular periodístico, estuvo en mis manos y a pesar de que hubiera resultado algo así como una descomunal noticia que me hubiera transportado a una gloria periodística incalculable me ví obligado a guardar silencio absoluto y dejarla pasar tristemente dolorido y apenado. Me remonto a los aconteceres de la segunda guerra mundial (1940-1945) con 38 millones de muertos. En el ejército alemán se hallaba un joven ingeniero llamado Otto Skorzeny (1905-1975) que era, además, oficial de las SS. (Policía militarizada del Partido nazi, tambien conocidos como milicias negras). Colaboraban con la temida Gestapo y actuaban como guardia personal de Hitler y estaban, los 250.000 efectivos, al mando de Himmler.) Al terminar la guerra Otto Skorzeny fue capturado y juzgado y absuelto totalmente sin cargo alguno por un alto tribunal de las fuerzas aliadas. A la salida del tribunal, el joven oficial desapareció sin dejar rastro alguno huyendo antes de ser juzgado por otro tribunal alemán de responsabilidades nazis. Durante los años que duró aquella guerra las fuerzas alemanas llevaron a cabo impresionantes acciones militares que dejaban anonadados a sus enemigos.En la mayoría de todas ellas, siempre estaba como organizador Otto Skorzeny, adquiriendo una fama altísima de tal manera que se convirtió en un ídolo invencible por ambos bandos.

El rescate de Mussolini fue una de las misiones más audaces y espectaculares de toda la guerra. El Duce italiano se encontraba preso en un hotel situado en el macizo montañoso del Gran Sasso, al que sólo se podía acceder en teleférico. Hitler ordenó que fuera liberado. El 12 de spbre. de 1943, una docena de planeadores aterrizaron junto al edificio, sus tripulantes lograron reducir a los vigilantes y facilitaron la evacuación del dictador en una pequeña avioneta acompañado de Skorzeny y un riesgo máximo en la operación de salida y despegue. El 16 de diciembre de 1944 tuvo lugar la famosa batalla de Las Ardenas, al este de Bélgica. Era el escenario de la última contraofensiva alemana. Enfrente el ejército norteamericano. Los alemanes idearon y llevaron a cabo una curiosa acción destinada a sabotear las líneas norteamericanas. La misión consistía en infiltrar soldados alemanes disfrazados de norteamericanos. Hitler dispuso al frente de la operación a Otto Skorzeny que se encargó de organizar un fenomenal caos ayudado por 30 soldados alemanes. Habían transcurrido casi 20 años desde que finalizó aquella sangrienta guerra mundial y todos los periódicos del mundo se encargaban de recordarnos que Otto Skorzeny seguía en paradero desconocido a pesar de que unos cuantos cientos de lunáticos de aquellas SS y Gestapo alemanas insistían en su búsqueda y captura incansablemente y con muchos fondos económicos disponibles para tal fin. Un fin de semana de aquellas fechas me encontré con Angel Ríos Calderón y en nuestra conversación le comenté, medio en broma, que Otto Skorzeny quizás ya no existía o que tal vez nunca había existido. Me miró fijamente y muy serio me dijo: Vamos a hablar del hermanamiento de Barcelona-Monzón........

Angel Ríos Calderón fue un genial y notable monzonero hermano de José Ríos Calderón (otro monzonero también, muy apreciado, estimado y popular) padre de los actuales vecinos Conchita, Manolo y Ángel Ríos Ezquerra. El primero citado, Ángel Ríos, era bien visible todos los fines de semana por las calles de Monzón a partir de los años 50. Siempre acompañado de su hermana Virginia, un reducido grupo de amigos y familiares y junto a todos ellos, un hermoso ejemplar de perro de raza "setter" color canela..

De Ángel se sabía poco. Únicamente que era Ingeniero industrial y que trabajaba en RENFE como alto directivo de la zona de Cataluña. En cambio, sus familiares y amigos, estaban al corriente de que a Ángel Ríos la guerra civil le cogió en Barcelona en donde se hallaba de estudiante en la Universidad cursando los últimos cursos de carrera.

Finalizada la contienda nacional y con el fin de seguir financiándose los estudios ingresó por oposición como inspector de policía y con tareas de despacho en Comisaría.Estaba hospedado en el hotel San Agustín, situado en la plaza y al lado de la iglesia del mismo nombre o denominación. En este alojamiento fue acogido y querido como si fuera de la familia de los propietarios. (Para sorpresa de los comentados familiares y amigos, añadiré aquí por mi cuenta que Ángel Ríos, además de ser miembro de la policía nacional, fue miembro distinguido de la INTERPOL e incluso, en ocasiones, intervino en unas cuantas actuaciones como agente especial de los servicios secretos de inteligencia españoles). Como consecuencia de resultar una excelente persona y gran capacidad de trabajo, contaba Ángel con la admiración, amistad, aprecio y gran estima de numerosas personalidades, todas ellas muy influyentes y poderosas en todos los niveles de la vida española de entonces. Y también me consta que para él siempre estaba presente "su pueblo" en sus preocupaciones con lo cual, muchas de las ventajas y logros que llegaban a Monzón eran fruto de sus hábiles gestiones y contactos. Esto también, nunca nadie lo supo ni jamás fue comentado ni agradecido.

Personalmente con Ángel Ríos Calderón tuve, lamentablemente, escasos y contados contactos. El último de ellos fue con motivo de la creación (fallida más tarde) de la Unión Turística del Pirineo, cuya presidencia la ejercía él. Me incluyó en la comisión gestora inicial y me reservó una plaza en uno de los globos aerostáticos que durante una semana por etapas debían recorrer el trayecto desde Irún hasta Port-Bou (Gerona), fotografiando detenidamente toda esa inigualable y maravillosa cordillera pirenaica. No pudo ser.

Ya se ve que tanto ayer como hoy, las luchas internas por llegar a alcanzar la capitalidad de la Unión entre el País vasco, Aragón (defendíamos nosotros el hecho de hallarnos en el centro geográfico) y Cataluña, dieron al traste con aquella iniciativa que hubiera supuesto una aceleración anticipada a entonces de lo que ahora ya está a la vista en cuanto a su lanzamiento y desarrollo.

Sin mucha precisión, creo recordar que entre los años 60 y 65, un domingo de primavera Ángel Ríos me llamó por teléfono invitándome para acudir a tomar un café y formar parte de una tertulia en un domicilio de la calle Generalísimo (hoy Miguel Servet). En aquel piso, habían estado comiendo, momentos antes, una habitual peña de amigos compuesta de unos seis comensales y de los cuales, hoy día, tan sólo sigue viviendo uno de aquellos habituales amigos y ahora lo solemos ver por las calles de Monzón disfrutando de excelente salud a pesar de los muchos años que acumula y haber sufrido una gravísima operación quirúrgica. Allí estaba también, en ese domicilio, el ex-policía e ingeniero Ángel Ríos acompañado de un ser desconocido, alto, fuerte y con un rostro un tanto rudo, bruto, áspero. Concluida la presentación pensé que estaba soñando. Increíble. No podía ser cierto. Terminaba de estrechar la mano de ¡Otto Skorzeny!.........

Tuve que prometer, jurar y dar mi palabra de honor ante Ángel Ríos de que este encuentro, pasase lo que pasase, nunca se había producido. Y así ha sido. Silencio total. Todavía se podía temer, por aquellas fechas, que alguna célula secreta y un tanto "kamicaze" y nazi de las S.S. anduviese por ahí, sin descanso y obsesionados, a la caza y captura del oficial alemán catalogado como traidor a la causa.

Pocos años más tarde, Otto Skorzeny fijó su residencia de tapadillo en Madrid y desde allí publicó sus fantásticas y casi increíbles Memorias de su azarosa vida. Un valioso ejemplar de estas memorias con una especial dedicatoria firmada de puño y letra por el autor, lo posee actualmente mi querido amigo y colega Manolo Ríos Ezquerra por regalo e intervención de su tío Ángel.

Otto Skorzeny falleció en Madrid el año 1975 a los 70 años.

Ángel Ríos Calderón falleció en Barcelona el 3 de enero de 1988 a los 74 años. J. Yáñez Laín

No hay comentarios: